Ramsés Figueroa
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Corazón, pasión; Diablo

De la serie: Relatos del cardiógrafo

El Escultor modeló un corazón. Lo imaginó palpitando despacio, rítmico; llevando y trayendo sangre. No era difícil verlo agitado al hacer ejercicio, resultaba vigorizante, pero no provocaba ninguna emoción; mas bien quería, como Luzbel había dicho, verlo urgar sus posibilidades, inflarse, partirse, aplastarse. Quería tener frente a sí, al corazón desgarrado, al amante, ese que late a destiempo, que oxigena de más; pero no podía hacerlo. No era capaz de componer una pieza que hablara, sin reproducir su voz, sus ideas. La textura era hermosa, cálida, pero no individual.

Lo tomó en sus manos y lo tragó. Empezó a marearse un poco, los colores se hicieron más vivos. De repente quiso olerlo todo, tocarlo. Sus manos necesitaban explorar el universo. Recordó el nacimiento del día, el de esa misma mañana y sintió una emoción tan grande; los colores más limpios trepando el cielo, y los fuertes, los pesados, sumergiéndose al final del mundo. Asombrado de sí, recordó los amaneceres que había visto hasta entonces, y maravillado, conmovido, empezó a llorar en silencio. Se tocó el pecho que inflamado mantenía el corazón en su sitio; sonrió. Era la ansiedad, de querer probar todos los frutos, escuchar a las fieras y a los susurros más ténues al mismo tiempo.

El Diablo, que hasta entonces había estado en silencio, comprensivo preguntó:

-¿Qué pasará cuando palpes al hombre?, ¿cuándo lo huelas, cuando lo escuches? ¿Qué emoción sentirías si lo vieras venir?

El Escultor se quedó pensativo... Podría estar enfrentando al pecado. En el umbral del inicio y del fin, imaginaba tantas cosas, como en sueños; anhelaba, ahora necesitaba sentir.

-No sé, eso estaba pensando, y mira mis manos... tiemblan. Para serte honesto, querría contemplarlo con mis sentidos nuevos.

-Ahora, querido Dios, que has creado los sueños, puedes empezar a esculpir a tu Eva; a tu nueva imagen y semejanza.

-¿Y qué pasará con Adán, que no le ha dado todo esto tan nuevo?

-Lo tendrá, lo guiaremos Eva, Tú y yo.

El Escultor, después de muchos días, volvió a trabajar sin hacer una sola pausa.

 

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